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Nuevos Aprendizajes de la Persona Mayor

1.      Características de los entornos donde se envejece: Redes Sociales

Muchas de las maneras como se percibe el envejecimiento es el deterioro de la salud, la debilidad emocional por la pérdida de pareja y la independencia de los hijos, aunado al sentimiento de soledad y abandono cuando se produce la jubilación cuando se ha trabajado de manera dependiente.

Hay toda clase de estudios relacionados con el envejecimiento, algunos de los más enfáticos tienen que ver con la salud dado el aumento de la esperanza de vida generada por los avances de la ciencia y la tecnología.

En la reunión de Expertos en Redes de Apoyo Social a las Personas Mayores: el Rol del Estado, la Familia y la Comunidad, celebrada en diciembre de 2002 en la sede de la CEPAL en Santiago de Chile sobresale el tema de la función de las redes sociales, estudiada a través de los vínculos con familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo, entre otros. Se ha hecho un gran énfasis en este tema de las redes sociales por el hecho de que en la vejez se puede experimentar un deterioro económico y de la salud (física o mental), pero también al reconocimiento de que se trata de una etapa de la vida en la cual existen mayores probabilidades de ser afectado por el debilitamiento de las redes sociales que al parecer son las llamadas a ser el verdadero soporte al final de los años y los cambios que ha experimentado la estructura productiva de las sociedades (McNicoll, 1987).

También hay muchas  clases de estudios sobre las redes sociales, muchas definiciones sobre su estructura, configuración, objetivos, composiciones pero para la presente reflexión definiremos como la red más importante la red informal no institucionalizada que Lopata (1975) definía la red informal como un sistema de apoyo primario integrado para dar y recibir objetos, servicios, apoyo social y emocional considerados por el receptor y el proveedor como importantes. Cobb (1976), citado en Chappell (1992), concebía la red social como la instancia mediadora por la cual se proporcionaba apoyo emocional y de información.

El sentido de logro de haber hecho y haber participado tanto en su familia como en su medio social es uno de los insumos que tendríamos que tener en cuenta para examinar el tema de nuevos aprendizajes, creatividad y proyección con posibilidad de generar nuevos proyectos cuando se envejece.

Como se plantea en el trabajo sobre redes de apoyo social de las personas mayores realizado por José Miguel Guzmán, Sandra Huenchuan y Verónica Montes de Oca aquí aparece otro componente superior, la idea de intervención, de hacedor, de contribuyente a la transformación de la realidad. Este planteamiento en las redes comunitarias permite que el actor no sea un espectador pasivo, como tradicionalmente se concibe al sujeto desde las instituciones. La idea de actor recupera su sentido.

“las redes actúan como… un seguro colectivo contra las amenazas del sistema formal y como una reserva de recursos, particularmente durante las emergencias”. No obstante, es preciso consignar que la motivación principal para formar parte de una red no son sólo las necesidades materiales, ya que las de orden emocional y cognitivo también cumplen un papel destacado, sobre todo en el caso de las personas mayores.

De este estudio nos interesa el planteamiento como capital social individual. El capital social individual de cada persona mayor está dado por sus vínculos con otros individuos, ponderados por algún criterio de “calidad” de tales vínculos, lo que permite establecer el monto de capital social de cada uno y el capital social comunitario,  incluso el capital cultural. El capital cultural de las personas mayores está dado fundamentalmente por el reconocimiento de su papel sociocultural, vale decir, por la valoración de su experiencia, aporte y trayectoria (lo que puede entrañar distinciones de género, socioeconómicas y de localización). De este modo, el capital cultural de los adultos mayores sería de carácter comunitario, pues se trata de la valoración social de su persona y grupo social.

Los apoyos emocionales se expresan, por ejemplo, por la vía del cariño, la confianza, la empatía, los sentimientos asociados a la familia y la preocupación por el otro. Pueden asumir distintas formas, como visitas periódicas, transmisión física de afecto, otras.

Los apoyos cognitivos se refieren al intercambio de experiencias, la transmisión de información (significado), los consejos que permiten entender una situación, otros.

En la literatura se distingue entre fuentes de apoyos formales e informales. El sistema formal de apoyo posee una organización burocrática, contempla objetivos específicos en ciertas áreas determinadas y utiliza a profesionales o voluntarios para garantizar el logro de sus metas (Sánchez Ayendez, 1994). El sistema informal está constituido por las redes personales y las redes comunitarias no estructuradas como programas de apoyo. Cognitivos: intercambio de experiencias, información, consejos. Materiales: dinero, alojamiento, comida, ropa, pago servicios. Instrumentales: cuidado, transporte, labores del hogar. Emocionales: afectos, compañía, empatía, reconocimiento, escuchar y por ello las redes de amigos y vecinos juegan papel fundamental.

Del mencionado estudio se retoman los tipos de redes y sus componentes.

REDES DE APOYO PERSONAL:

i) Familiares

– Relación vertical: esposa, esposo, padre, madre, abuela, abuelo, hijo, hija, nietos, nietas, bisnietos, etc. suegra, suegro, etc.

– Relación horizontal: hermanas, hermanos, cuñadas, cuñados

– Relación transversal: tíos, tías, sobrinos, sobrinas

ii) No familiares

– Semifamiliares: compadrazgo

– Amistades comprometidas: amigos y amigas íntimos

– Otras amistades

– Otras personas

REDES DE APOYO COMUNITARIAS:

– Organizaciones a nivel comunitario, no públicas, con actividades propias (privadas, organizaciones no gubernamentales (ONG), voluntariado, religiosas, otras).

– Instituciones públicas o adscritas al sector público a nivel comunitario (vinculadas a proyectos y actividades comunitarias).

– Organizaciones e instituciones públicas de gran alcance, vinculadas a políticas nacionales.

Una agrupación posible de redes de apoyo podría asumir la siguiente forma:

•Red centrada en la existencia del cónyuge

•Redes basadas en lazos familiares (hijos, nietos, hermanos y otros)

•Redes de amigos, colegas, vecinos

•Redes basadas en la participación/integración en organizaciones comunitarias.

2.      Entornos de estudio, creación y aprendizaje continuo mientras se envejece.

Las preocupaciones acerca del futuro en un planeta demográficamente envejecido han generado consenso respecto de la necesidad de estudiar las condiciones objetivas de vida (institucional, cultural y social) que enfrentan los adultos mayores para tener un nivel aceptable de supervivencia cotidiana. El sostenido incremento de la esperanza de vida ha llevado a preguntarse si el aumento de los años de vida va acompañado de un aumento de los años de vida saludable.

Diferentes autores han señalado que el concepto de calidad de vida es multidimensional y que incluye factores subjetivos y objetivos. Ello implica que habrá que contemplar factores tanto personales (salud, autonomía, satisfacción y otros), como socioambientales (redes de apoyo, servicios sociales y otros) (National Research Council, 2001; Palomba, 2002).

En un estudio realizado en Santiago de Chile sobre personas mayores de 65 años de edad, entre los que viven en su propio hogar y están lúcidos se mostró —a través de entrevistas en profundidad y grupos de discusión— que la pertenencia a una organización de adultos mayores contribuía al intercambio de información para cuidarse mejor, proporcionaba compañía y afectos y ayudaba al mejoramiento de las relaciones familiares, pues las personas mayores se hacían más independientes (Barros, 1991).

Pese lo anterior, algunos autores han señalado que no todas las relaciones sociales tienen un efecto positivo en la salud. Por ejemplo, la integración social con amigos incidiría favorablemente contra la discapacidad, lo que no sucedería en el caso de las relaciones familiares. Con los amigos, esto se explicaría por la motivación que brinda la compañía de pares y que da sentido a la vida. Posiblemente, a esto se agregue el hecho de que tener amigos puede implicar estar activo, trasladarse, moverse, lo cual es un factor que retarda la aparición de ciertas discapacidades. Por el lado de la familia, se mencionan los eventuales efectos del proceso de condicionamiento que se puede producir: es posible que recibir apoyos en las tareas diarias haga que la persona mayor se vaya debilitando gradualmente y pierda su habilidad para realizarlas. Además, esto puede aumentar su sentido de dependencia y así minar su autoestima.

La misma autora, en su trabajo Sistemas de apoyo y familiares de pacientes con Alzheimer refuerza el papel de la familia en el apoyo a las personas con necesidades especiales, señalando que “actualmente la familia en Puerto Rico se presenta como el principal proveedor de cuidados al anciano/a”.

El papel de los cuidadores

Las investigaciones sobre los cuidadores se han centrado en las características socio demográficas de las personas que atienden a adultos mayores dependientes (dementes, víctimas de Alzheimer y otros). En general, se aprecia una alta participación femenina en el cuidado de las personas mayores, en especial de hijas, muchas de las cuales no reciben ningún tipo de retribución económica por atender a la persona a su cargo. En un estudio sobre cuidadores (hombres y mujeres), de personas mayores que sufren de Alzheimer en localidades rurales y urbanas de la Región del BioBío (Vidal y otros, 1998), se encontró que 82,9% de los cuidadores eran familiares; de esta proporción, 64,3% correspondía a hijos e hijas, 15,7% a cónyuges y 2,9% a hermanos; sólo el 17,1% restante estaba constituido por otros cuidadores, tales como personas remuneradas, amigos o vecinos. Las mujeres representaban 84,3% de los cuidadores y el promedio del tiempo de cuidado era de siete años. Al consultársele a cuidadores y cuidadoras qué significaba el paciente para ellos, 58,6% consideró que era “un ser que necesita ayuda”; mientras que 21,4% respondió que era “un enfermo y carga para ellos”. Las diferencias de opinión entre cuidadores de áreas rurales y urbanas también se hicieron evidentes: los primeros destacaron el significado afectivo que los unía al paciente y reconocieron a la familia como un agente dador de cuidado; los cuidadores urbanos, en cambio, dijeron mayoritariamente que sentían al paciente como una obligación y que el cuidado limitaba su satisfacción de necesidades personales.

 3. Experiencia,  Nuevos Proyectos y aprendizaje continuo.

 Algunas personas cuando pasan de los 50 años y alguien le hace una invitación a participar de alguna actividad que se considera más propicia para jóvenes su respuesta es: yo ya estoy muy viejo para estas cosas, sin siquiera darse la oportunidad de curiosear de qué tipo de actividad se trata.

Lo anterior porque  la mayoría de las personas mayores no se dan la oportunidad de curiosear nuevas ideas, y permitirse la libertad de explorar nuevos mundos posibles, ya que también reciben la poca motivación de otras personas quienes también consideran que esas son cosas para jóvenes.

Algún autor manifestaba en sus escritos que si el que ya tenía 80 años se hubiese permitido la libertad de aplicar el conocimiento y experiencia que había adquirido durante toda su vida, “las maravillas que hubiese podido realizar con los nuevos avances de la tecnología”, en ese caso refiriéndose al Internet que siempre lo vio como una embelequería de los jóvenes que no tenían oficio.

Y nuevamente volvía al círculo vicioso de no intentar nuevas experiencia y nuevos resultados ya que de seguro si hacía lo mismo pues los resultados serían eso: lo mismo.

Equipo Intergeneracionales

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